LAS TRES NARRATIVAS DOMINANTES DE 2026: CEPEDA, PALOMA Y ABELARDO

LAS TRES NARRATIVAS DOMINANTES DE 2026: CEPEDA, PALOMA Y ABELARDO

La campaña presidencial colombiana entra en una etapa definitiva, atrás queda la puesta en escena, y entra a pesar la consolidación emocional y estructural de los equipos de campaña. Las encuestas desde abril mostraron que el escenario político se polarizó alrededor de tres grandes relatos: la continuidad del cambio progresista representado por Iván Cepeda, la centro derecha institucional encabezada por Paloma Valencia y la derecha confrontacional impulsada por Abelardo de la Espriella.

Más allá de las diferencias ideológicas, los tres han logrado interpretar un elemento clave de esta coyuntura: Colombia atraviesa una disputa emocional sobre el orden, el cambio, la seguridad y el futuro económico del país, que antepone la línea argumentativa sobre la discusión emotiva.

Las últimas mediciones, ubican a Iván Cepeda liderando la intención de voto, seguido muy de cerca por Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia decantando en tercer lugar.

Pero el dato más importante no es únicamente quién lidera, sino que el sistema político parece haber quedado reducido a tres grandes emociones electorales: continuidad de cambio, necesidad de autoridad y recuperación del orden institucional.

PALOMA VALENCIA: LA REIVINDICACIÓN INTELECTUAL DE LA DERECHA

Paloma Valencia representa quizás el fenómeno ideológico más interesante de esta campaña: el regreso de una derecha doctrinaria, estructurada, de avanzada y sin complejos.

Durante años, gran parte de la derecha colombiana intentó moderar su discurso para evitar polarización. Eso revela algo fundamental, Paloma busca generar menos rechazo relativo en sectores independientes y de centro, que le permitiría “sumar más en segunda vuelta”, impulsada por la figura de Oviedo y figuras políticas moderadas de la derecha que le abren más posibilidad ante los indecisos, que según los datos en su mayoría son mujeres, por ello su llamado a la acción es a la unidad por una Colombia más grande.

Su estructura programática define su visión como “estabilización y crecimiento”. Su propuesta gira alrededor de desactivar “cinco bombas críticas”: seguridad, salud, energía, crisis fiscal y desgobierno. Además, plantea reducción tributaria a empresarios, fortalecimiento institucional, endurecimiento penal y garantías plenas para la Fuerza Pública.

Paloma entendió que una parte importante del país no quiere únicamente oposición emocional al petrismo, sino una alternativa técnicamente defendible, por eso su fortaleza está en parecer preparada para gobernar.

La puesta en escena de su campaña es sobria, argumentativa y académica. No busca viralidad permanente; busca credibilidad. Su alianza con Juan Daniel le permite ampliar el espectro hacia sectores urbanos, técnicos y jóvenes profesionales.

Pero justamente ahí aparece su principal desafío, las campañas excesivamente racionales suelen tener dificultades para movilizar emocionalmente grandes mayorías. En tiempos de polarización, la técnica no siempre derrota a la rabia, máxime si el reto mayor será en pasar a segunda vuelta, y para ellos necesita recuperar muchos votos de derecha que están con Abelardo pero al mismo tiempo cosechar votos en el centro e indecisos.

Su reto será mantener autoridad intelectual sin perder conexión popular, pero según las últimas encuestas le ha costado trabajo contener los votos duros de derecha al tiempo que buscaba capitalizar indecisos y moderados. La tiene difícil, en un país crispado.

ABELARDO DE LA ESPRIELLA: LA FUERZA EMOCIONAL DEL ORDEN

La candidatura de Abelardo de la Espriella es probablemente el fenómeno de comunicación política más disruptivo de este ciclo electoral.

Abelardo dice no competir como político tradicional, sino como símbolo de confrontación, y eso, en una sociedad cansada de la política tradicional, incertidumbre y desconfianza institucional, tiene enorme capacidad de movilización.

Su narrativa está construida alrededor de, autoridad, castigo, patriotismo, y recuperación del control del Estado, con evidentes semejanzas con las campañas de Milei en Argentina, en Buquele en El Salvador y Trump en USA.

La matriz programática lo ubica como una candidatura de “combate frontal”, enfocada en reducción del tamaño del Estado, seguridad punitiva y expansión agresiva del crecimiento económico.

Su comunicación es directa, intensa y altamente digitalizada. Habla menos como dirigente tradicional y más como vocero de indignación ciudadana. Eso le permite conectar especialmente con sectores populares inconformes y votantes de derecha pasional.

Su principal fortaleza es la autenticidad emocional, sus electores sienten que no calcula políticamente lo que dice. Abelardo comprendió muy bien la lógica política contemporánea, hoy las campañas también son espectáculos emocionales, lo cual le permitió erosionar las bases electorales a Vicky Dávila, María Fernanda cabal y hoy le gana ese espectro a Paloma Valencia, figuras de derecha.

Pero esa misma intensidad también contiene el mayor riesgo.

Las campañas construidas desde confrontación permanente generan adhesiones profundas, aunque también resistencias muy fuertes. La encuesta revela que, aunque es competitivo, sigue teniendo dificultades para crecer en segunda vuelta frente a Cepeda. Los datos además revelan que sus desfavorables crecen considerablemente, generando no solo resistencia, sino miedo institucional.

El desafío de Abelardo será demostrar que puede pasar de candidato de protesta a figura presidencial viable, pues aún deja muchas dudas sobre su capacidad presidencial, en segunda vuelta deberá pasar de las emociones a las soluciones.

IVÁN CEPEDA: LA CONSOLIDACIÓN DEL PROGRESISMO ESTRUCTURAL

Iván Cepeda llega a esta etapa de campaña con una ventaja estratégica evidente: logró convertirse en el heredero político más coherente del bloque progresista sin parecer una copia de Gustavo Petro y con la oportunidad de quitarse de la extrema izquierda.

Su fortaleza principal está en la narrativa de continuidad histórica. Mientras otros candidatos prometen corregir el rumbo, Cepeda plantea profundizar el cambio iniciado en 2022, pero desde una estética más sobria, intelectual y menos confrontacional. La matriz comparativa programática lo define como una propuesta de “revolución histórica”, basada en tres ejes: ética, transformación social y democratización política.

Su modelo económico dice priorizar la reducción de desigualdad, el fortalecimiento de economías populares y la subordinación del mercado a los derechos sociales.

Además, la coyuntura lo favorece parcialmente. Aunque el gobierno Petro presenta desgaste, las encuestas muestran que ha recuperado un núcleo sólido entre “excelente” y “bueno” de evaluación positiva de alrededor del 45%.

Su campaña transmite serenidad ideológica. Su puesta en escena evita el exceso emocional y busca proyectar inclusión política, experiencia y legitimidad moral. Ese tono le permite consolidarse en regiones urbanas, Caribe y Pacífico, donde obtiene sus mejores números.

Sin embargo, ahí mismo aparece el riesgo, pues la continuidad puede convertirse en desgaste heredado. Su cercanía con el gobierno actual puede transformarse en vulnerabilidad si la inseguridad o la percepción de desorden institucional terminan dominando la conversación pública en los próximos días. La gran pregunta para Cepeda con su perfil frio, será si logra ampliar emocionalmente su electorado más allá del progresismo convencido, al grueso población que tiene miedo de retroceder al uribismo y que ve en Abelardo un riesgo institucional.

LA ELECCIÓN EMOCIONAL DE COLOMBIA

Las encuestas de abril muestran que Colombia ya no está discutiendo únicamente ideologías. Está discutiendo emociones políticas.

Cepeda representa la continuidad transformadora, pero con los negativos del oficialismo. Paloma representa el orden institucional, pero un pasado con desgaste de política tradicional. Abelardo representa la reacción emocional frente al desorden, con una hoja de vida con turbulento ruido.

Los tres tienen algo indispensable en política moderna: identidad reconocible, y precisamente ahí aparece la paradoja final de esta campaña.

La racionalidad de Paloma puede parecer fría frente a una ciudadanía emocionalmente alterada contra la clase política tradicional. Lo fulgurante de Abelardo puede terminar limitando su capacidad de ampliar consensos. La coherencia de Cepeda puede convertirse en carga si el desgaste gubernamental aumenta.

En política presidencial, las fortalezas nunca vienen solas. Cada virtud arrastra una fragilidad.

Porque muchas veces, aquello que impulsa una candidatura hacia la cima… también contiene la semilla de su derrota.

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